Hoy es el día internacional de la mujer trabajadora y no voy a hacer huelga. En primer lugar, porque me ha costado mucho esfuerzo ganarme el puesto que ocupo y me debo a mis ciudadanos, a los vecinos de Benicàssim, que no querían una alcaldesa a tiempo parcial, ni que se arredrara ante ninguna inconveniencia. A las mujeres nos ha costado mucho conseguir los derechos que hoy disfrutamos en España. Han sido muchas las mujeres que defendieron nuestra valía y que era necesario que nos ganáramos la verdadera igualdad de oportunidades. Solo por ellas, ya tengo suficiente motivo para no detenerme y seguir demostrando que una mujer puede liderar un municipio.
Pero además, es que yo creo en la igualdad de derechos como algo positivo. Estoy un poco cansada de que cuando se hable de los derechos de la mujer siempre haya de ser en detrimento de la otra parte de la sociedad. Aquí no se trata de elegir entre mujeres u hombres. Lo que de verdad queremos impulsar es una sociedad donde no haya distingos a la hora de ofrecer oportunidades, pero sobre todo donde se siembre la paz y se recoja la concordia y el respeto.
Mala herencia le dejaría a mi nieto si propugno una sociedad en la que las mujeres consigan demostrar su valía a consta de apartar a los hombres. Simplemente sería una vuelta al pasado, cuando a nosotras sí se nos apartó. Pero, afortunadamente, eso en nuestro país, ya no es el día a día.
Es evidente que todavía nos queda mucho por conseguir. Equiparar los sueldos de hombres y mujeres por puestos idénticos y con cualidades similares. Alcanzar la meta de que las mujeres ocupen sin que sea una anécdota, puestos de poder y de gestión. Pero sobre todo queda mucho camino por andar en la erradicación del que es, para mí, sin duda, el peor de los problemas de las mujeres en nuestra sociedad, y que es la violencia de género.
Pero el camino para resolver estos asuntos no es la huelga; no es colgarse enseñas partidistas, no es politizar la lucha de géneros, sobre todo porque fue la izquierda quien primero cercenó el derecho al voto de la mujer en España. Y, sobre todo no es enfrentarse a los hombres, porque la sociedad que queremos, es la que se abre a todos por igual, la que suma y no divide, la que crea y no destruye.