No os podéis imaginar el sentimiento de orgullo que se siente cuando te visita alguien de fuera y te dice: tenéis el pueblo precioso, hay que ver qué actividad tenéis, es que no paráis.
No quiero pecar de falsa modestia, pero he de reconocer que a mi me gusta ver nuestras calles llenas de gente disfrutando de nuestros restaurantes y de nuestras actividades.
Ahora lo disfrutamos, pero ha costado mucho. Cuando el Partido Popular llegó a la alcaldía en junio de 2011, el panorama era desolador. Las calles de Benicàssim estaban muertas. El centro de la ciudad había sido castigado con una ZAS que impedía que hubiera dinamismo comercial y turístico. Los servicios estaban anticuados y, simplemente no existían. El ayuntamiento era un muro contra el que chocaban las opiniones de los ciudadanos, sin obtener respuesta. Allí dentro, se manipulaba como se quería y se gastaba a espuertas.
No en balde, el agujero económico de la ciudad era una deuda de 17 millones de euros con los bancos y más de 1,5 millones de euros en facturas sin pagar escondidas en los cajones.
Así que no podíamos hacer más que abrir las ventanas para quitar el tufo a podrido y empezar a limpiar. Pero, ojo, como se suele decir, estropajo en mano.
En los seis años de mandato del PP, hemos conseguido liquidar el dinero a los pequeños proveedores y pagar a los bancos más de un 65% de la deuda. Pero no solo eso, sino que además hemos dado vida a la ciudad.
De un macrofestival, de los que atrae al gran público que genera ingresos en los comercios y empresas del municipio, hemos pasado a seis. Ahora más de medio millón de visitantes llega a Benicàssim gracias a los festivales de música.
De una programación mísera de cultura, hemos pasado a que todos los fines de semana hayan propuestas para todos los públicos. En educación el ayuntamiento invierte más de medio millón de euros para suplir lo que la Generalitat, que tendría que pagarlo, no paga. El autobús escolar, los libros de texto y la enfermera escolar. Y todo esto con un criterio que la izquierda no ha utilizado en la vida: bajando cada año la presión fiscal a los ciudadanos.
Esta pincelada de positivismo, no significa que no sepamos que queda mucho por hacer. Al contrario. Nuestra obsesión cada día es resolver un problema para los ciudadanos y anteponer a Benicàssim sobre todo. Para nuestros vecinos, lo mejor.