Como si fuéramos ratones tras el flautista, desde la Generalitat, como ya es costumbre en este gobierno del tripartito de la izquierda, en lugar de actuar sobre sus responsabilidades, nos vuelven a hacer recaer en los ayuntamientos la obligación de hacer el trabajo y adelantar el dinero sin visos demasiado ciertos que se nos devolverá.
En esta ocasión a vueltas, como en otras muchas, la educación solo la quiere la Generalitat y Compromís, para hacer política desde las aulas y no para poner soluciones a las carencias que tengan los centros y la calidad de los espacios educativos. Eso mejor que lo haga otro. Es más, eso mejor que lo pague otro. De esta forma se han sacado de la manga el proyecto “Edificant”, donde los ayuntamientos ponemos el trabajo y adelantamos el dinero y, la Generalitat, sin compromiso real, tal vez nos lo devuelva. De esta forma salió el conceller Marzá y el president Puig, como magos con chistera y nos contaron el chiste de que iban a construir no sé cuántos nuevos colegios y reparar otros tantos.
La realidad es que eso lo haremos los ayuntamientos a cuenta, no del gerundio que supone la palabra “edificant”, sino a cuenta de un condicional que la propia Generalitat impone: Si pasa sus filtros y todo va bien, tal vez, en cómodas anualidades te lo devuelva y si no, después de haber generado la expectativa en la comunidad educativa, quien será culpable de que no se haga o de que no se pague, no será la Generalitat, sino el ayuntamiento. De nuevo, la jugada perfecta: trabaja tú, paga tú y si me interesa me apunto yo el tanto y si no me interesa, aguanta tú las críticas de no hacerlo.
De momento, a los ayuntamientos nos obliga a pedir a todos los consejos escolares que auditen las necesidades de sus centros y pongan en un informe lo que piden. Esa lista de proyectos en expectativa se pasará a la Generalitat, a ver si al señor Marzá le parecen bien. Desde conselleria se emitirá un informe en el que aceptará algunas iniciativas, otras quedaran sin hacer. En todo caso, el proyecto de obra, valorado y perfectamente preparado para ejecutar, también lo deberá costear el ayuntamiento (seguimos sumando costes a cargo del municipio y cero a cargo de la Generalitat). Cuando esos proyectos estén ya definidos, tal vez, porque nadie lo garantiza, se firme un convenio con el ayuntamiento en el que se definan la forma de pago (nunca inmediata) con que la Generalitat hará frente a las obras, una vez pagadas, ejecutadas y finalizadas por el ayuntamiento.
A estas alturas, esta campaña autonómica solo viene a ser un episodio más del ejemplo de lo que viene siendo un gobierno hueco que no tiene capacidad de gestión si no es por cuenta de otro. En todo caso, el Benicàssim, como siempre, el ayuntamiento dará el paso adelante, pero no consentiremos que el tripartito nos vuelva a dejar un pufo a deber ni que venga a colgarse medallas a costa del dinero de los benicenses.