España y todos los que somos y nos sentimos españoles, celebramos hoy el día de la Hispanidad, celebramos hoy el día de nuestra lengua que es universal, el español; y celebramos hoy la que es patrona de España, la Virgen del Pilar. De vez en cuando, estas cuestiones obvias hay que recordarlas y hacerlo con orgullo, sin temor y con la firmeza que los orígenes de esta tradicional celebración merece.
La Virgen de Pilar representa para los españoles la fortaleza de la unión de nuestra fe en un territorio que se ha forjado con la sangre de muchos hombres. Ese pilar que sostiene la tradición cristiana, representa así mismo, en la unión de todos los territorios españoles bajo una misma corona. Ese fue el principio de la fiesta de la Hispanidad. Así nuestra cultura cristiana y nuestra historia civil se unieron para demostrar fortaleza. Un tercer nexo de unión, nuestra lengua, se unió a esta celebración allende las fronteras. Uniendo mundos y continentes con la celebración este 12 de octubre también del descubrimiento de América.
Sin embargo, los derrotistas, los instigadores del odio, de la ruptura, de la debilidad que significa la fragmentación, alientan cada día cualquier excusa que atente contra esta unidad que nos ha hecho fuertes como nación. España se encuentra en una encrucijada con el movimiento separatista catalán. Una disyuntiva que, como sucedió al fin de la dictadura, necesita de la esencia de nuestro sentimiento como nación para encontrar una solución pacífica. El entonces proceso de la transición democrática, defendido e impulsado por grandes hombres y mujeres de todos los signos políticos, ha sembrado de paz y prosperidad, los últimos cuarenta años. Ahora, en este día de la Hispanidad, hemos de reivindicar esa capacidad de encontrar una vía de resolución del conflicto que mantenga la unidad de España, que vuelva a restituir la fraternidad entre las gentes de Cataluña y el resto de la nación. Que defienda la igualdad de todos los españoles y que nos permita seguir adelante en un camino de prosperidad, donde el futuro de nuestros hijos sea la verdadera preocupación y no las ínfulas de megalómanos que no dudan en arruinar a su gente y a su tierra para salirse con la suya.